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¿Quién es el arquitecto?

Una vez hemos dado una definición satisfactoria para uno mismo sobre qué es la arquitectura, surge la pregunta de quien es el arquitecto. Al igual que a la pregunta del tema anterior, surgen varias respuestas, «el arquitecto es quien piensa y calcula una edificación», «el arquitecto es alguien que controla el tiempo y el espacio», «el arquitecto es quien diseña un proyecto para mejorar la calidad de vida de ser humano», etc.

Para mi la definición es muy simple, el arquitecto es quien crea arquitectura, tenga o no el título o la educación necesaria. Por tanto, es arquitecto aquel que crea espacios para un motivo cualquiera. El arquitecto no se define únicamente por los conocimientos técnicos que tiene, sino por su capacidad de transformar ideas en realidades útiles. Cada trazo, cada material seleccionado y cada decisión tomada forman parte de un lenguaje propio que da vida a los espacios. No es el título lo que otorga la visión, sino la habilidad para observar el entorno y responder con soluciones que trascienden lo funcional y tocan lo emocional.


Sin embargo, para que uno pueda llegar a ser llamado arquitecto debe aprender a ver, pensar y crear. Aprender a ver implica desarrollar una mirada crítica y sensible hacia el entorno. El arquitecto debe observar más allá de lo obvio, captar los detalles que otros pasan por alto y entender cómo los espacios influyen en las emociones y comportamientos de las personas. Ver es, por ejemplo, analizar la luz, las sombras, los materiales y las texturas, comprender la relación entre lo natural y lo construido. Es en esta observación constante donde aparecen las ideas, donde el paisaje urbano o rural se convierte en una fuente inagotable de inspiración y reflexión.

Pensar y crear son procesos que van de la mano, donde la imaginación y la lógica se juntan para dar forma a soluciones innovadoras. El arquitecto debe ser capaz de conceptualizar ideas, resolver problemas y anticipar las necesidades de aquellos que usarán sus creaciones. Crear no es simplemente construir, es dar respuesta a un contexto, a una época y a una cultura, aportando una visión que transforme lo cotidiano en algo significativo. Solo aquel que domina esta «trilogía» (ver, pensar y crear) puede empezar a ser llamado arquitecto en el sentido más pleno de la palabra.


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suggestions/frank-lloyd-wright/

El gran arquitecto Frank Lloyd Wright da diez consejos basados en su experiencia a los jóvenes arquitectos que se encuentran en formación. Estos son:

  • Ninguno de ustedes tome la arquitectura como medio de vida. A menos que la ame como principio de acción, por ella misma, dispuesto a serle tan fiel como lo es a su madre, a su camarada o a sí mismo.
  • Acostúmbrense a pensar inmediatamente en el porqué de las cosas respecto a cualquier efecto que les agrade o desagrade.
  • No dar por sentado que algo es hermoso o feo, sino desmenuzar todo edificio, estudiando cada detalle. Aprender a distinguir lo curioso de lo bello.
  • Acostumbrarse al análisis. Con el tiempo, el análisis permitirá que la síntesis se convierta en hábito mental.
  • Pensar en «sencillo». Hagan el orden de lo general a lo particular, y nunca los confundan, sino quieren que ellos les confundan a ustedes.
  • Entrar en la práctica sin madurez es vender su derecho de nacimiento como arquitecto a cambio de un mendrugo o morir simulando ser un arquitecto.
  • Tomen tiempo para prepararse. Diez años de preparación para los preliminares de la práctica arquitectónica son pocos para cualquier arquitecto «que quiera levantarse» por encima de su mediocridad.
  • Entrar en el campo donde pueden ver en acción a las máquinas y métodos que levantan los edificios modernos, o permanecer en la construcción directa y simple hasta que puedan llegar a naturalmente al diseño del edificio por la naturaleza de la construcción.
  • Consideren tan deseable construir un gallinero como una catedral. La dimensión del proyecto significa poco en arte por encima de la cuestión monetaria. Lo que en realidad vale es la calidad de carácter. El carácter puede ser grande en lo pequeño o pequeño en lo grande.
  • No entren en ninguna competencia arquitectónica en ninguna circunstancia, excepto como novicios. Ninguna competencia le dio al mundo algo de valor en Arquitectura. El mismo jurado es selección de mediocridades. Lo primero que hace el jurado es revisar los diseños y descartar los mejores y peores, para, como mediocridad, poder juzgar las mediocridades.

Todos estos consejos son de gran valor y yo, como joven arquitecto en formación, los tendré en cuenta a lo largo de mis estudios y trabajo.